¡Por fin conocemos los nenúfares del río Bullaque! (Ciudad Real)

Dani y Paco observando una masa de nenúfar espectacularmente densa y vigorosa.

El viernes visitamos por fin las masas de nenúfar presentes en el río Bullaque, pero, sobre todo, conocimos a Francisco Zamora, naturalista manchego que lleva más de veinte años preocupado por los nenúfares de su comunidad.

Paco es un entusiasta que los ha estado estudiando y observando su evolución tal y como se puede ver en su blog Los Ojuelos de Villarubia de los Ojos: Los nenúfares de la provincia de Ciudad Real, veinticinco años después del «Proyecto Nenúfar

Hacía sólo unas semanas que habíamos conocido su existencia, gracias a que nuestros amigos de Bullaque Vivo nos enviaron un artículo de La Tribuna de Ciudad Real acerca de la conservación de los nenúfares, en el que indicaba el estado regresivo de los nenúfares de esta zona.

Puestos en contacto telefónico, la sintonía de ideas e intereses nos hizo organizar una reunión para conocernos y que nos enseñara el estado de algunas de las masas de la zona.

Hace tiempo que conocíamos por la bibliografía científica existente que los tramos del ríos Bullaque, entre Pueblo Nuevo de Bullaque y Luciana (desembocadura en el río Guadiana), y el del río Guadiana entre Luciana y Puebla de Don Julián, son una de las zonas de España con mayores poblaciones de ninfálidos autóctonos.

Por nuestra parte, no podíamos ir con las manos vacías y durante agosto hemos estado estudiando las ortofotografías disponibles de la zona de Piedrabuena en el PNOA de los últimos 20 años (2006, 2009, 2012, 2015, 2018 y 2021).

Detalle del río Bullaque en la zona de Porzuna con las masas encontradas, resaltadas por colores según su evolución.
Masas de nenúfar detectadas mediante estudio de las ortofotos del PNOA (Fuente Gemosclera) hasta 2025.

Sobre ortofotografía, los resultados no son nada buenos. De las 56 masas detectadas entre las Casas de las Cabillas (zona de El Campillo) y el Vado de la Paloma, unos 10 km de río Bullaque, tan sólo una ha mejorado y 3 están igual que en 2006. El resto, 51 de masas de nenúfar, han empeorado o ya no ha sido posible encontrarlas, especialmente desde 2024.

Quedamos el viernes pasado, 12 de septiembre, en Porzuna. Los objetivos de la reunión eran conocernos, transmitirle a Paco lo que nosotros sabemos acerca de los nenúfares del resto de España, que nos enseñara algunas masas y ver qué posibilidades había de colaborar.

Tras un buen rato de conversación en Porzuna, nos fuimos a conocer la tabla de Las Casas del Río, una de las famosas tablas repletas de nenúfares de la comarca.

Pilar y Paco en el puente, con la masa de nenúfares al fondo.
Es septiembre, pero cerca del agua pasamos calor, había casi 30ºC a las 11 de la mañana.

La tabla que hay aguas abajo del área recreativa de Las casas del Río es simplemente espectacular. La superficie de más de 21 hectáreas, junto con la densidad y el vigor no tienen parangón con ninguna otra de las que nosotros hemos conocido hasta el momento.

Vista a la masa de nenúfares.
Cuando la ves por primera vez te quedas sin palabras.
Otra vista a la masa espectacular de nenúfares.
No haces más que mirar hacia un lado y hacia otro. Se te pierde la vista en los nenúfares.

Su estado de conservación es muy bueno y su estado vegetativo espectacular. No nos metimos al agua para ver sus rizomas, sólo con ver los tamaños de los pecíolos y de los limbos, así como la fuerza con la que emergen cuando entran en competencia por la luz entre los fascículos, nos pudimos hacer una idea de los grosores que pueden alcanzar.

El rato que estuvimos visitando la tabla pudimos observar que la zona es muy transitada por grandes animales, como los jabalís, que merodean constantemente por el margen y que dejan sus huellas en el barro.

Un hecho que nos sorprendió muy gratamente fue que no observamos casi daños producidos por grandes herbívoros (salvajes o domésticos) ni por los cangrejos americanos, también presentes en la zona. Otro hecho singular fue el gran tamaño que observamos en los restos y ejemplares muertos que vimos.

Un macho de cangrejo de un tamaño muy grande.
Ejemplar muerto de macho de cangrejo americano con gran tamaño (tapa objetivo de 52 mm de diámetro).

Su abundancia se reflejaba por su presencia permanente en todas las marcas de nutria que se pueden encontrar por todo el margen fluvial. De hecho, realizando un pequeño análisis visual de las mismas, se pudo ver que casi el 100% eran restos de cangrejo.

Pequeña deposición de nutria llena de restos de cangrejo.
Pequeña marca y deposición de nutria conformada únicamente por restos de cangrejo americano.

Sin embargo, la abundancia y el tamaño que alcanzan no concuerda con el escasísimo daño inferido por los cangrejos americanos en la masa de nenúfar.

Dos quelas (pinzas) de una hembra de cangrejo.
Típico resto de un cangrejo hembra devorado por una nutria, suelen dejar únicamente las quelas.

Muy probablemente sea debido a la presencia de la gambusia (Gambusia holbrooki). Este pequeño poecílido, exótico e invasor, se pudo encontrar en casi todos los tramos de río que visitamos. La estructura que aporta la densidad de los nenúfares podría estar facilitando mucho su captura por parte de los cangrejos. Pudiendo ser esta presa el principal alimento de estos temidos crustáceos invasores, evitando así el daño a la masa de nenúfares.

Gambusias merodeando entre las hojas de nenúfar.
Ejemplares de gambusia merodeando entre los nenúfares y la orilla del río.

Aguas arriba de esta tabla, detrás de los puentes que cruzan el río y frente a las instalaciones de recreo, se pueden observar algunos golpes de nenúfar blanco.

En este lugar nos preguntamos por qué, pudiendo tener una piscina municipal, se hacen instalaciones recreativas en un espacio protegido. Y más junto a un aula de interpretación medioambiental. Es una incongruencia difícil de entender desde un punto de vista conservacionista.

Zona de bañó con dos pontones y dos golpes de nenúfar frente a ellas.
¿Es necesario esto en un espacio protegido en 2025, pudiendo bañarse en una piscina con medios sanitarios?

Junto al aula de interpretación medioambiental, que no parece estar muy usada, hay un molino conocido como el Molino de los Pepes, que bien podría ser musealizado dado su estado de conservación. Es una pena, pero se suele olvidar que la naturaleza difícilmente puede ser entendida sin conocer su relación con la historia humana.

Pilar frente al Molino de los Pepes.
El Molino de los Pepes, en el río Bullaque (Porzuna).

Tras visitar esta primera tabla, nos desplazamos hasta una segunda tabla que hay en la zona de La Garlitera para que Paco nos enseñase unas masas que han ido perdiendo vigor estos años.

Estas masas se encuentran en una tabla del río que tiene cerca un par de granjas y que está cruzada en su parte superior por un camino. En 2024 mantenía una densidad y vigor aceptables. Esto se puede observar en las ortofotos del PNOA de 2024.

Ortofoto de 2024 del PNOA en el que se ven la tabla y las masas de nenúfar en muy buen estado.
Masas presentes en la tabla de la zona de la Garlitera en 2024. Fuente PNOA 2024.

Las fotografías que vamos a mostrar son de nuestra visita, en septiembre de 2025, destacando que son de dos zonas diferentes, la zona 1 y la zona 2.

Ortofoto de 2024 del PNOA en el que se ven la tabla y las masas de nenúfar en muy buen estado y con las dos zonas marcadas.

La zona 1, que en 2024 tenía unos 110 metros, en la actualidad mantiene apenas unos fascículos sueltos de muy escaso vigor. Que además, están muy afectados por los ataques de los cangrejos.

Paco observando los restos que quedan de la zona 1.
Estado de la masa de la zona 1 el día 12 de septiembre de 2025.

El estado es desolador. Prácticamente ha desaparecido, quedan menos de 20 fascículos con hojas muriendo y sin reclutamiento cuando el período vegetativo todavía no ha finalizado. Además, se observan ataques de cangrejo muy graves, con hojas flotando con los pecíolos seccionados y limbos muy afectados.

Detalle de las hojas de dos fascículos con muy pocos limbos (5 o 6) y en un estado muy poco vigoroso (tamaño escaso y amarillentas). Atacadas por los cangrejos.
El vigor de los pocos fascículos que quedan es ruinoso.

Un hecho singular en este caso y que podría explicar los ataques de los cangrejos es que no pudimos encontrar gambusias en estas tablas.

Antes de irnos, Paco encontró flotando un fragmento apical (fascículo) de un rizoma. Se apreciaba claramente que ha sido atacado por los cangrejos, tanto la parte anterior (primera foto), como el propio fascículo (foto posterior).

Detalle de la parte trasera de un rizoma comido por los cangrejos. Se han comido hasta la parte podrida.
Detalle de la parte anterior del fragmento de rizoma

El fascículo ya estaba muy degradado, con un diámetro muy reducido. Es decir, que el rizoma ya estaba muy afectado y que estaba reduciendo su grosor de forma muy rápida.

Lo mismo que la foto anterior, pero de la parte apical, el fascículo.
Detalle frontal del fascículo comido por los cangrejos.

La zona 2 no estaba mejor, ¡sino peor! De los más de 300 metros que tenía en 2024, en la actualidad le quedan 4 golpes sueltos de unos 3 o 4 metros.

Uno de los golpes de la zona 2. Con mejor vigor y densidad que los de la zona 1.
Algunos de los golpes de la zona 2 en la Garlitera.

Lo primero que nos sorprendió en esta zona fue que los golpes, a pesar de haberse reducido mucho respecto a 2024, no parecían tener un vigor escaso. La densidad, los tamaños de los limbos y de las flores eran buenos.

Sin embargo, algo resaltaba negativamente, las hojas de los bordes no morían cómo suele ser habitual. Lo habitual es que las hojas viejas vayan retrayendo la clorofila y se vayan pudriendo poco a poco.

Detalle de la hojas de buen tamaño y densidad, pero con hojas muertas en los bordes.
Detalle de los golpes con las hojas del borde de los golpes muriendo de forma anómala.

Os mostramos un ejemplo de una masa en la Laguna de Uña (Cuenca) tomada en septiembre de 2024 en la que se observa cómo las hoja del centro del fascículo son más pequeñas y más verdes, mientras que las del borde van perdiendo poco a poco el color. Cuando se pudren finalmente, toman un color marrón relativamente traslúcido y sin retorcerse. Flotando suavemente mientras se pudren.

En el caso del río Bullaque, las hojas de los bordes se morían repentinamente, tomando un color pardo negruzco y retorciéndose por los bords. Esto se observa claramente en la fotografía anterior a la de Cuenca.

Detalle de una hoja muerta repentinamente. Está marrón y no ha retirado la clorofila.
Detalle de una hoja en el borde de un golpe de la zona 2.

Si se observaban con los prismáticos, se apreciaba que todas las hojas, incluidas las flores, tenían una población de insectos.

Detalle de dos hojas llenas de insectos muy pequeños.
Detalle de una hoja viva y una muerta repletas de insectos.

Estos insectos no se observaron en la zona 1 y no sabemos si son la causa de la mortandad de la zona 2, pero lo que sí son es una plaga que debería ser estudiada con detalle.

Tras visitar estas tablas, nos fuimos a hacernos una foto de familia y a tomar un refresco con tapa a Porzuna, ¡como es debido!

Foto de familia con Paco, Pilar y Dani en el río Bullaque.
Ha sido todo un lujo visitar el río Bullaque de la mano de Paco.

Finalmente, nos despedimos y quedamos en comenzar una colaboración con el fin de contribuir a la conservación de los nenúfares de esta zona. Esperamos que pronto comience a dar resultados.

Atentamente,
Gemosclera. Asociación para la Difusión del Conocimiento de los Humedales y su Conservación.
Declarada de utilidad pública por el Ministerio del Interior desde 2014.